En la vida real, es decir en la dimensión en que vivimos, nosocomio es una palabra que nació para ser sinónimo (y yo pensaría que para la cuarta mención, cuando menos).

Los sinónimos son, por definición, el sustituto de otra palabra. Siempre van a la zaga, tratando de llenar el hueco que deja la palabra original. Son la segunda, tercera o cuarta opción; el plato de segunda mesa, para ponernos dramáticos.

Así, hay palabras que quizá nunca puedan ser las primeras, las originales; que nacieron pa sinónimos. El mejor ejemplo es la palabra nosocomio, pienso yo. Una palabra que es, sin embargo, precisa en su raíz etimológica (del griego nosos, enfermedad, y komo, cuidar), mientras que la palabra que podría tener la titularidad en este campo semántico, hospital, viene de la misma raíz que huésped, es decir, tiene un significado más amplio y por ende menos específico.

Pero la palabra nosocomio ha encontrado un nicho donde figura, a veces, como la protagonista: el periodismo. Pareciera, además, de uso exclusivo de tal gremio. Más específicamente me atrevería a asegurar que la palabra nosocomio se usa sólo en notas periodísticas mal redactadas. Es como si esas cuatro sílabas funcionaran como una cortina de humo sobre la sintaxis accidentada.

Nadie va por la vida diciendo a un amigo: “Llevaron a mi abuela al nosocomio”. Nadie deja una nota en el refrigerador de casa que diga: “Estoy en el nosocomio porque tengo cita con el galeno”, digo, por supuesto en los nosocomios hay galenos, mientras que en los hospitales hay sólo médicos.

Como apuntaba, en dicho gremio de comunicadores, la palabra ha tomado tal notoriedad que en ocasiones se cuela no como el sinónimo, sino como la titular —como en esta entrada—. Uno puede encontrar en Internet titulares de periódico que rezan: “Inauguran nosocomio del IMSS”. Quizá, si fuéramos arqueólogos del lenguaje bien podríamos agradecer a los malos redactores noticiosos que la palabra nosocomio no haya caído ya en el olvido, como de uso antiguo.

De este uso extendido en el gremio, deduzco, pues, que a los malos editores de periódicos les encanta usar la palabra nosocomio. Podrían usar hospital, clínica o sanatorio (siempre he pensado que cuando uno entra a un sanatorio, alguien se encarga de empezar a cantar “sana, sana, colita de rana”, pero esa ya es deformación mía, supongo), pero no. No solo es el sinónimo de segunda mención, inamovible, sino que hay ocasiones que se convierte en el titular. Como esa otra del nosocomio del IMSS, donde no importó que el mismo IMSS nombre clínicas a sus instalaciones. Pero no puedo dejar de imaginar al redactor o al editor salivando, esperando el momento ansioso, de poder escribir nosocomio.

A mí, cada vez que la leo, me encantaría utilizar un escalpelo para extirparla del texto y luego aprovechar ese instrumento punzocortante (otra palabra preferida de las redacciones) para mandar al editor directo a la sala de emergencias de su nosocomio más cercano.

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