Yo soy un pesimista. Yo no tengo manera de enmendarme; estoy perdido.

Por mí no os preocupéis, salvaos vosotros.

Pero debo decir que su salvación tampoco se ve muy clara que digamos. Y no me lo tomen a mal, pero su optimismo desbordado y sus buenas intenciones son, más bien, engañosas.

Como ya dije, yo soy un pesimista sin remedio, pero me extraña, de verdad, que la horda de optimistas que pueblan este mundo necesiten que empiece un año para hacer propósitos. Propósitos de año nuevo: no hay falacia más hipócrita y abominable que esa (sí, abominable, como el hombre de las nieves).

En otras palabras, me parece que son optimistas de estación o, quizá sean optimistas de ocasión, de segunda mano.

Será que el invierno les asusta y necesitan exacerbar su optimismo para pasar los (menos de) tres meses que vienen. Claro que en esta ciudad, tan alejada del vórtice polar y tan incrustada en el trópico, el invierno es tan benigno que nunca es un acicate para nada. Escribo esto mientras entra un solazo por mi ventana, en lugar de estar guarecido por un delicioso día gris invernal (valiente invierno).

La verdad es que no entiendo esta necesidad de formularse propósitos al empezar el año. Yo me pregunto: ¿no es cualquier momento un buen momento para ser mejor persona? Claro que esta pregunta sólo se la haría un optimista. Yo diría: Cualquier momento es bueno para intentar, sin éxito, ser mejor persona.

Yo confieso que no me creo aquella vieja máxima que dice que las personas nunca cambian. Sí creo que alguien puede cambiar. Le va a costar mucho trabajo, pero puede. Lo que no entiendo es esta necesidad de empezar el supuesto cambio con el año. Como si eso lo hiciera más sencillo; al contrario, supongo, porque hay más presión.

Un argumento puede ser este otro lugar común de cerrar un círculo o ciclo o lo que sea. Pero acaso no cerramos un círculo cada que exhalamos, cada minuto, cada hora, cada día, cada semana, cada mes, cada solsticio o equinoccio. Digo, si necesitan un pretexto para cambiar su vida, cada vez que amanece tienen uno nuevo.

Y eso que yo soy el puto pesimista.

Así que bueno, ya es cuatro de enero, así que pueden empezar a dejar de fumar, ponerse a dieta, levantarse temprano para hacer ejercicio, o hacer ejercicio a la hora que sea, ponerse al día con Hacienda o con Dios, para el caso. Aunque, claro, como el año empezó en viernes, quizá sea mejor esperar al lunes y, quizá, para eso de la dieta, podamos esperar hasta el siete, después de la rosca, o bueno, ya entrados en gastos, nomás hasta febrero después de los tamales, o mejor esperar, orgánicamente, al equinoccio de primavera y cargarnos de energía con el sol… y así puedo seguir la larga lista de mejores oportunidades para empezar con una buena intención que de cualquier modo será abandonada.

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