Llevo una hora sentado frente a la página en blanco sin encontrar algo qué decir, algo de qué quejarme. Pero no se confundan, no se trata de una escasez de odio, que de ese hay y encuentro muchos receptáculos para él. Sin embargo, ese odio, desprecio o molestia debe madurar en una idea (de preferencia buena, aunque ya es lo suficientemente difícil tener una como para condicionarla) de suerte que pueda convertirse en un texto con un mínimo de coherencia para que haga resonancia en todos esos jeiters de armario que andan libres por las calles.

Y debo aclarar que esa hora yerma es sólo la punta del iceberg, porque para cada lunes invierto en realidad toda la semana dándole vueltas a cosas y situaciones en busca de ese tema sobre el que quiero escribir y esta última hora es el reflejo de una semana algo estéril.

Por supuesto, intermitentemente, me pillo viendo videos en YouTube en lugar de estar escribiendo esta entrada; pero eso no es raro, ese es el Síndrome del Ángel Exterminador.

Los primeros días de la semana pasada pensaba que ya tenía el tema sobre el que hoy escribiría, y así pasaron algunos días, yo dándole vueltas a la idea, pero la semilla no germinó. O no ha germinado, porque es posible que ese tema sea el de la semana entrante, o quizá para marzo germine, quién sabe. Por lo pronto, sépanse que sigo aquí, viendo por el ventanal la calle soleada sin saber de qué escribiré hoy.

Con la presión empieza a generarse un silencio y debo decir que el silencio es torvo cuando se busca encontrar un sonido que dé luz. Pareciera que nada se mueve; hasta el gato permanece inmóvil, acurrucado en la cama, sin que se le mueva un pelo. Pareciera que el tiempo no pasa porque no se escucha ningún segundero marcar el paso, pero sí, los segundos transcurren silenciosos en la era electrónica.

Ahora que me doy cuenta, llevo trescientas veintinueve palabras escritas sobre un tema que no existe y esta es la verdadera magia: generar un texto que no habla de nada. Lo que ocurre, en cambio, en los periódicos de este día de asueto es una ilusión mal ejecutada. En los diarios se escriben notas que no dicen nada sobre hechos que sí ocurrieron: un ajusticiamiento en Oaxaca; un despliegue militar en Guerrero; nueve ejecutados en ese mismo estado; la detención de un capo (otro, pero no hay problema, aún quedan muchos sueltos); la volatilidad de una economía que se derrumba. Hechos todos, “descritos” en textos que no dicen nada. Nada. Y leídos, quizá, por personas que ya carecen de consciencia. Porque nada importa en realidad si no hay consciencia. Sólo la falta de consciencia explicaría que la mala ilusión se repita desde hace años, lustros y décadas en este país. Periódicos que desinforman con textos que no dicen nada. Y no importa.

Voy a parafrasear a García Márquez. La luz (de la consciencia) es como el agua (en la flamante Ciudad de México): inexistente.

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