Sí, uno de los deportes más practicados en México es el lanzamiento de teorías de la conspiración. En una nación seria, eso no sería otra cosa que perder el tiempo, pero en este país bananero la elucubración de “verdades alternativas” a las que se plantean oficialmente suelen ser más apegadas a los hechos.

Así, al poco tiempo de la captura del exgobernador más famoso de México, Javier Duarte (mejor y ampliamente conocido en los corrillos de la miseria nacional como JaviDu), empezamos —sí, en este plural menesteroso, más que mayestático— a urdir posibilidades detrás del hecho. Porque, hay que decirlo, convenientemente coincide con la campaña que Alfredo del Mazo —heredero de la casa Atlacomulco, misma que representa el presidente Enrique Peña Nieto— realiza para quedarse con el gobierno del Estado de México, el más rico del país. ¿Habrá alguna relación?

Recordemos —de nuevo el plural menesteroso— que cuando Animal Político mostró pruebas de lo que pasaba en Veracruz con un gran reportaje sobre desvío de fondos, el exgobernador pidió licencia y a nadie se le ocurrió vigilarlo, por lo que JaviDu escapó tranquilamente y para cuando expidieron la orden de aprehensión su paradero era desconocido.

Lo encontraron, meses después, en Guatemala, y cuando entra en la patrulla lo fotografían con una sonrisa socarrona que alimenta la idea de una conspiración como la gasolina hace con el fuego. Por lo pronto, la fiscalía y la defensa trabajan en el proceso de extradición —nadie niega aún el desvío de fondos; nadie puede, supongo, pero eso no los detendrá—, y en una jugada carente de toda discreción, la mujer e hijos de JaviDu se fueron a Londres a vivir la pesadilla de que el patriarca esté detenido —nunca lo visitaron luego de la aprehensión—. Yo no sé si haya manera de vincular a la mujer en los actos ilícitos de su marido, no tengo el conocimiento legal necesario para decir nada al respecto, pero supongo que aún cuando parezca obvio habrá que darle el beneficio de la duda legal, con todo y que, al parecer, había familiares de la mujer en nómina y, según otra nota de Animal Político, incluso tenía una red de gente a través de quienes disponía del dinero desviado —repito, no soy abogado para poder explicar por qué no han expedido una orden de aprehensión en contra de esta mujer que cree que merece la abundancia—. Sin embargo, evidenciando el cinismo, la mujer se fue a Londres, derrochando el dinero robado, supongo. No sé si no había forma legal de congelar cuentas o de evitar que escapase de alguna manera, pero si la había, nadie lo ha hecho. ¿Conspiración?

No se sabe con certeza cuánto dinero ha robado JaviDu, aunque el cálculo de la PGR, el más conservador, suma 223 millones de pesos provenientes del erario público. Sin embargo, según las cuentas de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), los desvíos podrían superar los 60,000 millones de pesos. Supongo que esa suma le alcanzará a Karime, su mujer, para huir por todo el mundo con sus hijos si es que algún día expiden una orden de aprehensión contra ella. Por lo pronto, JaviDu no ha recibido ni una sola visita en la cárcel donde está detenido en Guatemala —ni de su familia, ni de ninguno de sus compañeros del nuevo PRI, ese que presumía un cambio y que salió mucho más ladrón y pedestre que el de los dinosaurios de hace dos décadas—.

¿Puede culpársenos por sospechar que hay detrás cosas que no sabemos y que quizá todo se trate de un acuerdo? Dada la historia del último siglo, creo que este ejercicio de elucubración es irreprochable. No obstante, según una columna periodística, nuestro presidente dijo hace poco ante las suspicacias sobre la detención de JaviDu: “No hay chile que les embone“.

Lo primero que me recordó la frase de Peña Nieto fue la famosa Roqueseñal, que el priista Humberto Roque Villanueva hiciera famosa hace 22 años, “ese signo de abrocharse a la Nación”, según explicó en su momento Porfirio Muñoz Ledo —cuando ya había dejado el PRI para irse a la oposición, por supuesto—.

roquesenal

Pero dejando de lado el albur —porque nos albureó el presidente o, al menos, a los periodistas a quienes les dijo la frase—, de verdad se sorprende porque pensemos mal de un gobierno que no ha hecho nada bien en cuatro años. Por qué habríamos —plural menesteroso— de creer en las buenas intenciones del gobierno federal, si 22 gobernadores priistas durante el sexenio de Peña Nieto han sido acusados de desvío de dinero —sumando casi 260,000 millones de pesos extraviados en sus bolsillos—. ¿Por qué tendríamos que descartar nuestras sospechas si hasta la Interpol se pregunta para qué atrapar a los delincuentes mexicanos si cuando los devuelven al país siempre hay algún juez que los exonera?

Ya le podremos —plural vindicativo— decir al presidente dónde seguro le embona el chile.

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