La semana pasada, en medio negligencias y accidentes —una semana normal en la Ciudad de México—, pudimos escuchar una buena noticia y no, no me refiero a la filmación de Godzilla que se está realizando en este preciso momento en el Centro Histórico, sino al anuncio que hizo Miguel Ángel Mancera sobre su separación del cargo de jefe del gobierno programado para el 17 de septiembre próximo.

Mancera es, sin duda, el peor jefe de gobierno que ha tenido la ciudad en los últimos veinte años, es decir, desde que tenemos el derecho de elegir al titular del cargo mediante las urnas. Y su victoria electoral se la debe, básicamente, al favor incondicional que el pueblo de esta ciudad le rinde al PRD. En el lejano 2012, cuando peleaba el puesto, lo único que me sonaba tentador del currículum de Mancera era que no estaba afiliado a ningún partido político, lo que creaba la ilusión de que no estaría maleado como los políticos de carrera. Una ilusión, como dije.

La decisión de Mancera no debería tomarnos por sorpresa ya que desde hace años, prácticamente desde que empezó en su cargo, su trabajo ha estado más orientado al marketing de su nombre; pareciera que todo lo que hace tiene como objetivo aparecer en una foto, más que encontrarle solución a un problema. Pareciera, también, que el principal interés de este personaje es hacer que su nombre se conozca en el interior del país; cada semana sale de la ciudad y visita, en una campaña velada, otros estados participando en actos que sólo promueven su imagen personal —por ejemplo, la semana pasada estuvo en Villahermosa, Tabasco, donde en un acto público, regaló siete patrullas para la policía local (así lo apunta Salvador Camarena en su columna de El Financiero). Y lo mismo ha hecho en el último mes en Ciudad Juárez y Parral, en Chihuahua, y en Acapulco, Guerrero. Además es presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores y, sea lo que sea que eso signifique, quizá eso sea como estar al frente de la organización gremial más importante de delincuentes del país.

Al tiempo que Mancera sale en la foto de eventos, la ciudad está constantemente en el ojo de un huracán que no parece ceder: ya sea en guerra con cárteles que no son cárteles, lidiando con una rampante inseguridad callejera, el caos de las inundaciones, la asfixia de la contingencia ambiental o el cáncer irremediable del tráfico. Incluso, la idea de que la ciudad se cae a pedazos dejó de ser una metáfora para convertirse en una triste realidad la semana pasada, cuando una estructura de diez metros de largo por casi uno de ancho se cayó del segundo piso del Periférico. Nadie murió, afortunadamente, pero resultó que la constructora, que asumirá los costos de los daños, es la mismísima OHL —y esto pues da para todo un post completo de este y muchos blogs, pero hoy no ahondaré en ello—.

Un día antes de que cayera esta viga en el Periférico, Mancera dio una conferencia de prensa para anunciar la filmación en el Centro Histórico de la película de Godzilla, ese monstruo ficticio de origen japonés que ya está tatuado en el subconsciente colectivo, y anunció, también, su próxima renuncia del gobierno para dedicarse —ahora sí de tiempo completo— a perseguir la Presidencia de la República para el sexenio 2018-2024.

Ambas buenas noticias: por un lado, este será el segundo blockbuster que se filmará en la ciudad, luego del Spectre de James Bond —quizá el único éxito del gobierno de Mancera en la ciudad—; y, por otro lado, el fin de la condena para la ciudad se ve cerca. Lo primero que sentí fue cierta tranquilidad porque se va este lastre y uno pensaría que nadie podría ser peor que Mancera —pero si algo hemos aprendido es que la cosa siempre puede ir peor—. Pero, posteriormente, me vino este desasosiego porque ahora tendremos a Mancera rondando el botín mayor. Un tipo que niega la existencia de cárteles en la Ciudad de México o que le pasa el paquete a la población cuando sabe que liberarán reos en la ciudad, ahora quiere dirigir al país.

Al final, Miguel Ángel Mancera resultó ser un lobo disfrazado de ovejita a quien le encanta traer distractores mayúsculos, como ahora es Godzilla, mientras que él es capaz de causar muchos más estragos en la ciudad que dicho reptil radioactivo. Y si no me creen, no lo pierdan de vista hoy durante el eclipse que, con algo de suerte, el lobo se confunde y se despoja del disfraz de cordero durante esta breve noche de medio día.

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