Desde hace ya algunos años existe la falsa creencia de que la opinión de cualquier persona, sobre cualquier tema era valiosa. Pero hay pocas cosas tan alejadas de la realidad.

Es cierto, cualquiera puede formarse una opinión sobre cualquier tema, con solo un vistazo o después de un sueño sicodélico, pero de ahí a que esa opinión sea valiosa hay un largo camino por recorrer. Es decir, yo puedo tener una opinión sobre la mecánica cuántica; incluso, puedo opinar que la Interpretación de Copenhague es obtusa y tener razón y, ni así, mi opinión sería valiosa.

Sin embargo, gracias a personajes como un tal Nino Canún, quien hizo su fama validando opiniones, y a la repetición constante de esa idea, la gente va por la vida creyendo que su opinión sobre cualquier tema tiene un valor. Esta falsa creencia se ha propagado como la humedad y, por ende, a la menor provocación, cualquier hijo de vecina alza la voz y se pronuncia sobre un tema esperando, además, que se le haga caso porque su “opinión es valiosa”. (Pero no os llaméis a engaño, vuestra opinión es una mierda.) *

Gracias a esta idea, incluso, funcionan discursos demagógicos como las consultas populares sobre temas de logística, medio ambiente, aeronáutica, construcción y resulta que la opinión de un taquero tiene el mismo valor que la de un experto en medio ambiente, un piloto o un ingeniero civil a la hora de decidir dónde desarrollar un aeropuerto internacional.

El lugar donde se ve más arraigada esta falsa idea, sin embargo, son las redes sociales, el foro perfecto donde cualquiera puede hablar de cualquier tema y tener al mundo como auditorio. La ilusión se completa en un sitio como Twitter, donde impunemente cualquiera habla de cualquier cosa, le increpa a cualquiera, esgrime cualquier tontería como si fuera un argumento y además puede quedarse tan orondo, orgulloso de las estupideces que quedan escritas para siempre en el sitio de microblogging. Incluso, la gente va un paso más allá y además de la opinión surge, de inmediato, el juicio. Impune, banalmente, la gente se forja una idea del mundo y sentencia. No, esto no es nuevo, llevamos años viéndolo, pero no deja de sorprenderme.

Hace unos días me encontré con un video en Twitter. Breve. Menos de 20 segundos que incluyen la repetición en cámara lenta del evento, así que es algo que habrá pasado en unos siete o diez segundos. Lo que se ve es a un chico bailando detrás de una chica con el movimiento del Fornite —si no saben de qué hablo, no importa. Lo verán aquí abajo—, y luego a la chica soltando un derechazo volado al rostro del bailaor.

Eso es todo el video. No más. Sólo unos segundos extraídos de la vida de estos dos chicos que, supongo, tendrán menos de 20 años. Después del golpe, se ve y escucha que ambos cruzan algunas palabras en un idioma ininteligible.

Por supuesto, la persona que publicó el video lo hizo con una opinión y un juicio por delante. Ella —sí, era una cuenta, supuestamente, de una mujer— zanjaba en unas líneas la sentencia acabándose a la chica del video. Le dijo “puta loca del coño” y luego extendió la condena “Sois muy peligrosas, estáis locas”.

El tuit tiene, al momento en que escribo esto, más de 2,500 respuestas, 14,000 retuits y 26,000 likes.  Por supuesto, en las respuestas se pueden ver todo tipo de juicios, pero el grueso de la gente se divide en dos: quienes concuerdan con la mujer que publicó el video, condenando a la chica que le pega al chico; y quienes ven la actitud del chico como acoso y condenan su actitud.

Sobrará decir que ese tuit se convirtió rápidamente en un sangriento campo de batalla donde se esgrimían argumentos como sables, desestimando a interlocutores y protagonistas. El nivel de discusión escaló rápidamente y los insultos, hirientes y lapidarios, volaron. Una batalla de 2,500 comentarios y contando, todos emitiendo una opinión, un juicio, dando por sentada una postura filosófica de vida.

Así, con un video que muestra unos 10 segundos de la vida de dos personas, miles de sabios tuvieron suficiente para emitir una opinión, un juicio y en muchos casos una sentencia. Así hacía Villa —al menos eso dicen—, primero disparaba y después averiguaba. No fuera a ser. Pero el revolucionario sabía que estaba tomando una decisión sin información; a él, lo que le pasaba es que le importaba poco. Pero aquí, estos villistas posmodernos, actúan como si tuvieran la verdad absoluta en su poder luego de un video de unos segundos y disparan sin averiguar nada.

Hay quien, en los comentarios del video, asegura que la chica le dice en ruso al chico, después de golpearlo, que se lo había advertido. Quizá sea cierto. Quizá no. Pero quizá sea un video de broma. Quizá son hermanos y el chico se la debía a la chica. Quizá la chica sólo buscaba alguien que sufriera su ira. Quizá son amigos y así es su relación. Las posibilidades son infinitas y nadie que haya visto sólo ese video conoce la historia completa. Sin embargo, todos tienen una opinión y un juicio y creen que es valioso.

Qué nivel de soberbia o ceguera debe tenerse para creer que basta ese video para hacerse una opinión válida y emitir un juicio. Debo decir, en todo caso, que estoy convencido que la violencia física no lleva a ningún lado. Sin embargo, no tenemos puta idea de qué pasó antes y después de ese video; no sabemos nada más que una chica le pega a un chico y luego hablan. Sin embargo, ver tanta opinión presta para desestimar la vida de los demás me hace recordar a mi general Villa. Sobre todo, su muerte. Quizá el final de todos estos impulsivos verdugos será morir acribillarlos en Parral, como su líder, porque el que a hierro (¿yerro?) mata, a hierro muere.

 


* Si Usted  es de aquellos que, a pesar de todo, piensa que su opinión es importante. Yo le repito que su opinión es una mierda.

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